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Libro: H.-G. Gadamer, “El inicio de la filosofía occidental”

19/10/2012 2 comentarios

Conjunto de lecciones impartidas en 1988 por Hans-Georg Gadamer en Italia, recogidas por Vittorio de Cesare. En ellas, Gadamer se propone acercarse al inicio de la filosofia griega a través de contextualizar la aparición de los fragmentos presocráticos en las obras de Platón y Aristóteles, extrayendo de las citas el sentido que podían tener más allá de las intereses que presentan argumentalmente dentro de los textos. Así pues, tras analizar el problema del principio y explicar el método que seguirá, Gadamer nos presenta el contexto argumentativo en que se presentan las principales menciones platónicas de la filosofía presocrática, centrándose especialmente en el Fedón y en el Sofista. Después pasará a analizar la función de la doxografía en Aristóteles y a esbozar una lectura del Poema de Parménides en base a los análisis de las lecciones precedentes.

¿Cómo definir, pues, respecto a Dilthey y a la Problemsgreschichte, mi perspectiva de investigación y de interpretación? Yo la llamo Wirkungsgeschichte, historia de los efectos o de las determinaciones y Wirkungsgrechichtlches Bewusstsein, conciencia de la determinació histórica. Esto significa, sobre todo, que no es cierto que estudiar un texto o una tradición dependa de una elección nuestra. Esta libertad, este distanciamiento respecto del objeto estudiado, no existe. Nosotros mismos estamos en el curso de la tradición, no nos encontramos en la distancia soberana en la que se sitúan las ciencias naturales para experimentar y teorizar. (…)
También el concepto de “método” debe cambiar desde el momento en que no existe un sujeto en una posición privilegiada. La palabra “método”, en el sentido que le ha otorgado Descartes, presupone la convicción de su carácter único como guía de la verdad. (…)
Por lo demás, la inadecuación del concepto de método como garantía de objetividad [en las ciencias del espíritu] aparece con toda evidencia cuando afirmo que la única aproximación al tema de los presocráticos es estudiar a Platón y Aristóteles, cuyos textos se conservan, y ver qué cuestiones se han planteado y en qué sentido. Esta no es una tarea fácil, especialmente por lo que se refiere a Platón. Se realiza concretamente sólo estudiando los textos en que Platón y Aristóteles hablan de sus predecesores, teniendo en cuenta que aquéllos no han trabajado con la perspectiva de nuestra investigación histórica, sino porque estaban motivados por intereses propios, por su propia búsqueda de la verdad, que en los dos presentaba caracteres comunes, pero también diversos. Por eso en este momento entra en juego el significado conjunto de la filosofía platónica y de la aristotélica. Sólo cuando hemos comprendido, por ejemplo, qué significa el hecho de que la crítica de Aristóteles considera a Platón como un pitagórico, sólo entonces podemos leer lo que Aristóteles dice sobre los presocráticos.
(pp. 32-36)

Libro: Hans-George Gadamer, El inicio de la filosofía occidental.
En: Barcelona: Paidos, 1995.

Contraportada: En su papel de gran maestro del pensamiento contemporáneo que nunca ha dejado de dialogar con los clásicos para poder comprender la modernidad, Gadamer hace revivir para nosotros, en las páginas de este libro, todo el esplendor del inicio de la filosofía occidental. Y para ello no sólo recurre a sus grandes intérpretes –Platón y Aristóteles–, sino también a los protagonistas –Tales de Mileto y Anaximandro, Parménides y Anaxágoras—, e incluso a quienes posteriormente nos han transmitido este “inicio” a través de profundas reflexiones: sobre todo, Hegel y Heidegger. De este modo, nos introduce en una experiencia concreta de la hermenéutica filosófica, una verdadera “fusión de horizontes” en la que, entre improvisaciones y descubrimientos inéditos, acaban entrelazándose el análisis filológico, la investigación histórica y la reflexión teórica.

Índice:

I. El sentido del inicio.
II. La aproximación hermenéutica al inicio.
III. El terreno sólido: Platón y Aristoteles.
IV. El problema del alma en el Fedón.
V. El alma entre la naturaleza y el espíritu.
VI. Del alma al logos: el Teeteto y el Sofista.
VII. El planteamiento doxográfico de Aristóteles.
VIII. El pensamiento jónico en la Física de Aristóteles.
IX. Parménides y las dóxai brotòn.
X. Parmenides y el ser.

Libro (descarga directa): P. Peñalver, “Márgenes de Platón. La estructura dialéctica del diálogo y la idea de exterioridad”

06/10/2010 4 comentarios

Inspirado e inspirador, el libro de Patricio Peñalver Márgenes de Platón publicado en 1986 supone una revisión de los diálogos platónicos recogiendo los temas de la tradición hermenéutica contemporánea de Platón: la irreductibilidad a “platonismo”, la secundariedad de lo “doctrinal”, la atención a la forma dialógica de la obra, a los recursos expresivos, a la tensión entre la “crítica a la escritura” platónica y la propia escritura platónica, etc. Tras una “primera parte” general (capítulos I-IV), aunque muy centrada en La República y el Fedro, el libro pasa a interpretar en concreto el Crátilo (V) y El Sofista (VI) para acabar con un análisis de las apariciones en los diálogos del daimon socrático (VII).

Aquel esquema hermenéutico (el marco literario y el núcleo filosófico) cree reconstruir la marcha del diálogo (o más bien la sucesión de sus momentos) como encadenamiento de teorias (criticadas, postuladas, expuestas, ilustradas). Difícil no advertir, sin embargo, en la experiencia de lector, la distancia entre ese «resumen» -quizás claro y coherente- y el texto del diálogo, que «resiste» oscuro y opaco, retador. Es que el diálogo no sitúa simplemente la marcha del logos filosófico en una escena empírica -circunstancias históricas, personajes más o menos dóciles, vacilantes o críticos, entrada en juego de opiniones comunes, o de tradiciones sagradas, referencia a acontecimientos o a situaciones políticas-: sino que el logos avanza a través de esos elementos. Como un héroe de la tragedia, el logos en el diálogo platónico (al menos en uno está a punto de ocurrir un parricidio, como se sabe), pasa por peripecias, vicisitudes, giros, dificultades, luchas, encuentros, reconocimientos: no sería lo que es sin el detalle de esta historia.
Ahora bien, si esto es así, si los elementos miméticos, literarios, dramáticos, detentan una funcionalidad interna en la constitución y en la estructura del diálogo, precisamente como diálogo dialéctico, lo que hay que ver es cómo transforma el elemento dialéctico aquella escena dramática, en lugar de estar simplemente enmarcada en ella: cómo los elementos dramáticos se descentran, por así decirlo, respecto a su función habitual representativa o mimética de una situación empírica (unos personajes, unos caracteres, unas palabras, unas opiniones más o menos ambientales). Aquellos elementos se reorientan en función de la voluntad de verdad y acceso a la esencia que sostiene tan enérgicamente como discretamente el método dialéctico, el eje del diálogo. El vínculo entre el diálogo en el núcleo de su estructura dialéctica, y el diálogo como drama, como mímesis de una conversación viva concreta, no puede establecerse ni en términos de una genealogía histórico-filosófica (reproducción progresivamente estilizada e intelectualizada de las conversaciones del circulo socrático), ni en términos de una genealogía histórico-literaria (el diálogo platónico como etapa de la historia de la literatura griega, explicable por, o en relación con, o en cualquier caso en el mismo plano que sus «precedentes», la épica, el mimo, la tragedia, la comedia), ni tampoco en términos de una genealogía «estética» (como la «retórica» que se superpone a la «lógica» de la filosofía). Hay que pensar más bien, empleando el término de A. Dies, «en una transposición» de la conversación empírica en diálogo dialéctico. Mímesis de la verdad, de la que el autor sabe y de la que el lector debe reconocer su carácter y su rango de juego, que introduce a otra cosa que al referente inmediato que es la conversación concreta, en su nivel «socrático», digamos, «preplatónico».
La transposición de la conversación en diálogo dialéctico, la transformación de la escena «real» representada en el elemento o medium de trabajo del método dialéctico, exige al lector ciertas condiciones. Ante todo, que no lea el diálogo como un libro, como un volumen o una totalidad cerrada: se ha visto el peligro, nunca del todo conjurable, con que los «escritores» amenazan al saber, la tentación que ofrecen de sustituir éste por «manuales»; el saber degeneraría entonces en un cuerpo cerrado, muerto, falsamente sagrado por su aparente intocabilidad e inflexibilidad, provisto de esa mala autoidentidad que emparenta a los escritos con las silenciosas figuras pintadas. El saber al que el diálogo debe introducir evocándolo no puede ser otra cosa que disponibilidad metódica, capacidad de investigación, poder de crítica o examen. El carácter de no-cerrado del diálogo pertenece también a la estructura de los Diálogos llamados «acabados» (esto es, aquellos que resuelven el problema inicial planteado): es que incluso éstos, y no sólo los abiertamente aporéticos, no son más que paradigmas, ejemplificaciones del poder general, indelimitable en una traducción temática, de la diálectica, en el sentido del texto de El Político comentado más amba. La apertura del diálogo platónico -cuyo reconocimiento formal y expreso es una condición de su legibilidad- no es la vaguedad retórica de que todo es indefinidamente cuestionable en filosofía, de que nunca se acaba de saber todo sobre nada, o bien, que sólo cabe plantear problenias; sino la tesis afirmativa, y filosóficamente relevante de que la medida del verdadero saber es toda la vida (La República, 450b, 498a). La vida transciende el diálogo como un fragmento; pero esa perspectiva que trasciende el diálogo es lo que hace legible el diálogo.

Libro (descarga directa): Patricio Peñalver, Márgenes de Platón. La estructura dialéctica del diálogo y la idea de exterioridad. Descargar aquí.
En: Universidad de Murcia, Murcia, 1986.

Índice:
Introducción

I.-El ritmo de la razón y la idea del bien

II.-La seriedad en la expresión en el juego de la escritura
La cuestión platónica
La enseñanza como drama y el lenguaje indirecto
La dialéctica en la retórica, la filosofía en la literatura
El juego de la expresión escrita: El “esperma inmortal” y los “jardines de las letras”

III.-Diálogo y dialéctica
La estructura dialéctica del diálogo
Diálogo, tragedia y comedia
Mito y diálogo. El juego de la fabulación, el lastre de la leyenda

IV.-Estrategias ante la imagen

V.-El discurso y los nombres de las cosas. Lectura dialéctica del Crátilo
La salud del lenguaje y la fantasmagoría onomástica
La dialéctica y los nombres
Las etimologías o la fábrica de los nombres
Mímesis y logos

VI.-Logos, aporía, fantasma. Tentativas sobre El Sofista
El problema interminable
El filósofo, el sofista, el político
La doble aporética: la paralización de las máscaras
La aporética del ser

VII.-El demonio de Sócrates y la dialéctica de Platón

Nota bibliográfica

Artículo (pdf): J.-H. Königshausen, “¿Paralelismos entre el «Sofista» de Platón y el libro IV de la «Metafísica» de Aristóteles?”

27/09/2010 1 comentario

Conferencia de Johann-Heinrich Königshausen recogida en este artículo que plantea (en interrogante) el posible paralelismo entre el excursus (me-)ontológico del diálogo platónico “El sofista” y el célebre libro IV de la Metafísica aristotélica. En el artículo se insiste en que se están obviando las diferencias entre uno y otro texto, con vistas a poder establecerlas más adelante, en el seno de una conexión recíproca. Esta conexión será buscada no tanto en el acercamiento semántico o sintáctico a los términos usados sino en el entramado argumentativo, en la marcha propia de sus elementos y las funciones que representan paralelamente en uno y otro texto. La continuidad óntihén (ser-algo-uno), el carácter “trascendental” de los principios de los que tratan, el carácter “refutativo” de ambos textos y los “refutados” por ellos, son muestras del paralelismo que este artículo trata de establecer. Siendo una transcripción de una conferencia, el texto ha de contemplarse desde el nivel de la sugerencia. Aún así se hace corto. Johann-Heinrich Königshausen tiene otros artículos relacionados con Aristóteles y Platón, aunque sólo pueden encontrarse, por lo que sé, en alemán: Das Wahrheitsproblem des Aristoteles (Persp. d. Phil., Bd. 9, 1983), Vorüberlegungen zru Bedeutung der aristotelischen Problemformel tò Òn e Ón. Zu Met. G 2, 1003 b 6-10 (Persp. d. Phil. 12, 1986), Die Ursprungsfrage der Ersten Wissenschaft bei Aristoteles und deren “sicherstes Prinzip” (Persp. d. Phil. Bd. 13, 1987) y Grundsätzliches zur platonischen Skepsis von guter Rede und schlechter Rede und guter Schrift im Phaidros (Persp. d. Phil. Bd. 14, 1988). También es autor de la monografía Ursprung und Thema von Erster Wissenschaft. Die aristotelische Entwicklung des Problems (Amsterdam 1989). Si alguien conoce algún artículo/libro de este mismo autor en una lengua menos “inhóspita” para algunos lectores, se le agradecerá la indicación (es indiferente que el artículo se encuentre online o en alguna edición impresa).

Haré una breve referencia al status de estas argumentaciones. En ninguno de los dos (es decir, ni en la digresión del Sofista de Platón ni en la Met. IV 1-4 de Aristóteles) se habla en parte alguna de un eîdos, génos o de una ousía determinada, ni en general de cualquier idea, concepto u objeto determinados. Nos la habemos con un entramado de principios que explica la posibilidad de determinación del ón y es, a la vez, por ello, doctrina de la posibilitación del lógos. Estos principios están destacados claramente, en su especial rango jerárquico, en relación a aquello para lo que son principios. Ni son «ideas» en Platón, en el sentido de «justicia», «valentía», etc., ni tienen nada que ver en Aristóteles con la doctrina tricotómica de los tipos de ousíai. Posibilitan las ideas en su determinación en tanto que ideas, del mismo modo que, posibilitan los tipos aristotélicos de ousíai. Su universalidad —y esto es decisivo— no es universalidad del género: en sentido lógico no tienen el status del predicado normativo. Sólo su universalidad es absolutamente kathólou. Su investigación y explicación es asunto exclusivo y genuino del filósofo, tanto para Platón como para Aristóteles.

Artículo (pdf): Johann-Heinrich Königshausen, ¿Paralelismos entre el «Sofista» de Platón y el libro IV de la «Metafísica» de Aristóteles?
En: Anales del seminario de historia de la filosofía, Nº 10 (1993), pags. 157-172.

Abstract: El autor pone de manifiesto los paralelismos, hasta hoy apenas señalados, entre el “sofista” platónico y “metaf”. IV de Aristóteles, que atañen tanto a contenidos doctrinales, como el método de argumentar y a la función de ciertos argumentos utilizados en la crítica a los presocráticos. Hay incluso un paralelismo lingüístico. Su subraya, con ello, la importancia sistemática de la doctrina antigua de los “trascendentalia”, su prioridad relativamente a la diferencia entre los conceptos ontológicos (la teoría platónica de las ideas y la aristotélica de la substancia) y la coincidencia de pensamiento de Aristóteles con el Platón tardío acerca de los conceptos transgenéricos, si bien como fundamento de teorías ontológicamente diferentes.

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