Archivo

Posts Tagged ‘José Luis Pardo’

Vídeo (online) J. L. Pardo y A. Gándara en Para todos, La 2: “Debate: Vivir mejor”

06/04/2014 4 comentarios

Debate en el programa “Para todos, La 2” en TVE entre José Luis Pardo y Alejandro Gándara sobre el concepto de “vivir mejor” en Epicuro y la antigüedad. Contiene también una entrevista al filósofo Michel Onfray.
Puede verse online en el siguiente enlace:
Vídeo (online) J. L. Pardo y A. Gándara en Para todos, La 2: “Debate: Vivir mejor”

Artículo (html): J. L. Pardo, “Pensadores, al tren”

13/05/2013 2 comentarios

Artículo de José Luis Pardo publicado en El País el 4 de mayo de 2013 donde analiza la célebre expresión hegeliana para la tarea de la filosofia (“poner su tiempo en conceptos”) y vincula esa conceptualización a la noción de Historia Universal, frente a la que destaca, con vistas a su centenario, a la figura de Albert Camus.

Pocas fórmulas han alcanzado un éxito tan unánime, a la hora de definir el trabajo intelectual, como la que Hegel puso en circulación para encargar su tarea histórica a la filosofía contemporánea: poner su tiempo en conceptos. Variaciones de ella son, sin duda, la idea del pensamiento como “diagnóstico epocal” de Nietzsche, la figura sartreana del “escritor comprometido” con su actualidad, el “reportaje filosófico” (al estilo del Eichmann en Jerusalén de Hannah Arendt), la “ontología del presente” postulada por Michel Foucault, el “periodismo metafísico” de Gianni Vattimo y, en general, la pretensión de “estar a la altura de los tiempos” por parte de los profesionales de la teoría. Sin embargo, raramente se recuerda que, al enunciar esta prescripción, Hegel era perfectamente consciente de su carácter problemático, que su repetición y vulgarización sistemática nos ha hecho perder de vista, ya que suponía conciliar dos instancias que desde la antigüedad estaban profundamente reñidas entre sí: la universalidad irrenunciable de la razón y la particularidad igualmente insobornable de los hechos históricos. Este antagonismo fue responsable de que, durante siglos, la historia no pudiera aspirar a ser otra cosa que “crónica de los acontecimientos” que ocurren, como decía Aristóteles, “unos después de otros”, y de que estos siempre resultasen miserables, brutales y descabellados cuando se los comparaba con los ideales abstractos de la razón.

Artículo (html): J. L. Pardo, “Pensadores, al tren”
En: Lengua y Literatura de Bachillerato… y otras cosas.

Artículo (pdf): J. L. Pardo, “La formación del pensamiento crítico”

25/01/2013 3 comentarios

Breve artículo de José Luis Pardo para el libro El pensament crític (Fundaciò Collserola-Arcadia, Barcelona, 2012). Guiado de la mano de una distinción entre “educación” y “enseñanza”, explica la posibilidad del surgimiento del “pensamiento crítico” en el seno de la labor “asimiladora” de la educación.

Se diría, desde luego, que en este contexto no puede germinar nada parecido al “pensamiento crítico”: primero, porque quienes viven inmersos en ese orden lo toman simplemente como la naturaleza y como su naturaleza, es decir, algo necesario que no puede modificarse (hemos aprendido a vestirnos al mismo tiempo que aprendíamos a vestirnos de una determinada manera, que experimentamos pues como la manera natural de vestirse, y así con las maneras de comer, de hablar o de emparejarse), y segundo, porque sería ridículo, además de absurdo, que una estructura que está diseñada para dar cobijo y seguridad se perturbase a sí misma generando dudas e inquietudes que irían en contra de sus objetivos. En el seno de esta estructura caben preguntas, pero no son verdaderas preguntas —es decir, no indagan acerca de la constitución objetiva de las cosas, sino que únicamente expresan una necesidad subjetiva de confianza—: no transmiten el deseo de alguien que quiere saber, sino, como las preguntas infantiles, la inquietud de alguien que quiere asegurarse de que sus expectativas de futuro no serán traicionadas, de alguien que quiere oír de nuevo una respuesta que ya conoce,pero que le reafirma contra la incertidumbre.

Artículo (pdf): José Luis Pardo, La formación del pensamiento crítico.
En: VVAA, El pensament crític, Fundaciò Collserola-Arcadia, Barcelona, 2012, pp. 77-93.

Artículo (html): J. L. Pardo, “La inteligencia, al fondo a la izquierda”

15/05/2012 1 comentario

Artículo de José Luis Pardo publicado en El Pais en febrero del 2001 con motivo de la muerte del sociólogo Pierre Bourdieu.

Mediante el concepto de habitus -las estructuras sociales imbricadas en las prácticas y confundidas hasta con las reacciones musculares aparentemente más automáticas de los agentes sociales-, Bourdieu no conseguía solamente otorgar objetividad a todo aquello que los individuos consideramos inalienablemente «subjetivo» y a lo cual los teóricos con inclinaciones metafísicas y poéticas quisieran llamar «el ser», sino que prevenía a la sociología contra su vicio más acusado -el de atenerse exclusivamente a esa objetividad tan difícilmente ganada- porque mostraba que esas «ilusiones» subjetivas que los agentes se hacen sobre sí mismos no son en absoluto una ‘cantidad despreciable’ que el sociólogo deba pasar por alto para ser más «científico», sino un elemento indispensable para la descripción de la sociedad. De este modo, los hallazgos del teórico alcanzaban también un significado político: el conocimiento de las estructuras sociales de dominación simbólica -es decir, de esas «ilusiones» que se hacen los nativos, y que constituyen una herramienta necesaria para su propia dominación material- se convierte en un a priori para cualquier intento de reformarlas, combatirlas, denunciarlas o neutralizarlas. Estas «razones prácticas» operan ya, aunque inconscientemente, en los movimientos sociales que se oponen a ellas, y deben contar conscientemente en los programas políticos que aspiren a una acción social eficaz.

Artículo (html): José Luis Pardo, La inteligencia, al fondo a la izquierda.

Entrevista (html): Entrevista a José Luis Pardo en torno a Guy Debord, y la Internacional Situacionista (por la revista sadwrn)

30/04/2012 2 comentarios

Entrevista realizada a José Luis Pardo a propósito de su traducción de La sociedad del espectáculo de Guy Debord, en donde manifiesta su apreciación de la obra y los puntos críticables que encuentra en el situacionismo.

He de decir que el hecho de volver a leer La sociedad del espectáculo más de veinte años después de la primera vez fue para mí una especie de shock, porque no era en absoluto como yo lo recordaba. En efecto, creo que pertenece a ese tipo de escritos que, por atenernos a la dualidad de la undécima de las Tesis sobre Feuerbach, no quieren “interpretar el mundo” sino cambiarlo. La cuestión es que no lo cambió: su publicación no dio como resultado el advenimiento del comunismo o el poder de los soviets. Y precisamente porque esto fue así (o sea, porque el libro, en este sentido, “fracasó”) ahora nosotros ya no podemos leerlo sino como una interpretación del mundo. O sea que no es que haya dos tipos de textos, los filosóficos o interpretativos y los de acción o literales, sino que cuando el texto no se convierte en acción se vuelve necesariamente interpretación.

Entrevista (html): Entrevista a José Luis Pardo en torno a Guy Debord, y la Internacional Situacionista (por la revista sadwrn)

Artículo (pdf): J. L. Pardo, “La doble vida de John Lennon”

12/03/2012 1 comentario

Breve artículo de José Luis Pardo donde analiza unas biografía de John Lennon (Philip Norman, John Lennon, Robert Hilburn, Desayuno con John Lennon y Albert Goldman, Las muchas vidas de John Lennon.

Resulta engañoso hacerle portavoz o estandarte de tal o cual idea, credo o movimiento: no fue su afiliación ideológica lo que reunió en Liverpool a estos cuatro músicos, que no son la referencia de los hippies (no pueden compararse en este punto con algunos grupos y solistas estadounidenses), ni del pacifismo (la ambigua Revolution, de 1968, nos permite escuchar las vacilaciones de Lennon ante la idea de apoyar o no el uso político de la violencia) ni de la contracultura (las «espirituales» melodías de George Harrison basadas en el sitar tienen su contrapeso en la vitriólica Sexy Sadie, auténtica revancha contra la superchería del Guru Maharishi, de cuya escuela fueron huéspedes en la India). Todos esos elementos formaban parte de su entorno vital, y a estos cuatro muchachos les confundían tanto como a los demás. Pero los Beatles no sólo pusieron música a su tiempo hasta el punto de que no habría hoy una manera más precisa y a la vez más general de comprender la década de 1960 que escucharlos, sino que al hacerlo lo volvieron audible para cientos de miles de personas en el mundo que no eran conscientes de lo que tenían en común, hicieron posible sentir, expresar, desahogar y volver cantabile algo que antes no había manera de formular, de experimentar o de hacer público: pusieron al descubierto el corazón de su época, que aún se oye latir.

Artículo (pdf): José Luis Pardo, La doble vida de John Lennon.
En: Revista de Libros, 171, marzo 11.

Artículos recientes de José Luis Pardo en El País.

09/01/2012 3 comentarios
Categorías:Artículos, Contemporáneos Etiquetas:

Libro: J. L. Pardo, “El cuerpo sin órganos. Presentación de Gilles Deleuze”

13/12/2011 12 comentarios

En este libro, José Luis Pardo ofrece una nueva versión de la filosofía deleuziana, tras su temprano Deleuze: Violentar el pensamiento (Cincel, 1990; se reeditará próximamente en Pre-Textos). El título coincide plenamente con un ciclo de conferencias recientemente impartido por el mismo autor, de modo que es de esperar una continuidad en el tratamiento.

Lo que el lector va a encontrar a continuación no es una reconstrucción interna (aunque requerirá de él un estricto internarse en Deleuze sin condiciones ni restricciones) ni una interpretación externa (aunque se le pedirá también que se aleje de Deleuze hasta una distancia casi infinita), no pretende una inmersión en el pensamiento deleuziano en busca de su motivo fundamental, aquel aspecto nuclear desde el cual podrían explicarse todos los demás por encadenamientos simples o complejos, y tampoco un sacar a la superficie aquellas dimensiones de su pensamiento que nos resulten más útiles, más aprovechables o más compatibles con algún otro proyecto diferente del suyo (si es que pudiera hablarse de tal cosa) o simplemente con las necesidades de nuestro propio tiempo. En un sentido, es totalmente cierto que, como Deleuze decía, hay que confiar en el pensador a quien se estudia si se le quiere comprender, pero en otro esta fe resulta de todo punto inconveniente. Es nefasto, por ejemplo, tomar en serio aquello de la “caja de herramientas” (el autor de estas líneas espera que, como él, algunos de sus lectores estén literalmente hastiados de eso que alguien ha llamado “el IKEA del pensamiento”, que toma prestados elementos de aquí y de allá sin la menos consideración para construir monstruos teóricos que, a pesar de su prometedor aspecto, no solamente resultan inútiles sino además horribles y perniciosos para la salud intelectual) y, en general, es nefasto confiar en lo que podríamos llamar las recomendaciones explícitas de un pensador acerca de cómo hay qué pensar, o sea, aquellas indicaciones que se ofrecen a la comprensión del lector de forma aparentemente neutral e inmediata; hay que tener fe, sin duda, pero es necesario que sea una fe ciega: no hay que confiar en lo que el pensador dice, sino en lo que hace. “Seguir” a un pensador, incluso en el sentido de ser uno de sus seguidores, quiere decir seguir su movimiento, el movimiento de su pensamiento. Y esta algo exótica expresión –“seguir el movimiento”– a su vez no debe entenderse en el sentido de “seguir sus etapas”, las fases de su trayectoria, las notas de su melodía o los períodos de su argumentación, con sus variaciones, rupturas y matizaciones, como un espectador que fuera acompañando visualmente el recurrido de un móvil y nombrando o numerando los pasos (1, 2, 3, 4…); no se trata de seguir al móvil en su camino sino de seguir el movimiento (que es algo completamente diferente del móvil), el gesto que una y otra vez se perfila, se dibuja o se difumina sin el menor respeto por los pasos, las etapas, las fases o los puntos, y sin que importe cuál sea el argumento, el tema, el asunto o el problema “acerca del cual” se piensa (la fe iluminada, a diferencia de la ciega, sólo puede fijarse en ese “acerca del cual”). Al menos en el caso de Deleuze, esta observación es esencial, porque toda la originalidad de su pensamiento reside en ese gesto.

Libro: José Luis Pardo, El cuerpo sin órganos. Presentación de Gilles Deleuze.
En: Pre-Textos, Valencia, 2011. 305 págs.

Contraportada: El pensamiento de Gilles Deleuze ha sido uno de los grandes acontecimientos filosóficos de la segunda mitad del siglo XX: hoy ya no puede cabernos duda de eso, debido a la amplitud de la influencia de su obra, a la consistencia con la cual su pensamiento resiste los envites del presente, a su constante reaparición en cada recodo del camino intelectual de nuestro tiempo y, por si esto fuera poco, a la incesante marea bibliográfica que crece alrededor de su nombre a ambos lados del Atlántico. Este libro se propone seguir el movimiento del pensamiento de Deleuze, el modo en que elabora sus materiales y se desplaza de un problema a otro o su manera de construir o destruir las preguntas. Se podría llamar a ese gesto el estilo de un pensador, lo que hace que, incluso aunque desde el punto de vista de un análisis de contenidos su diferencia con otro sea pequeña, se encuentre sin embargo a años luz de distancia desde el punto de vista de su dinamismo característico. Leer a Deleuze es, en buena medida, hacer con él este recorrido experimental por el cual alcanzamos la capacidad de diagnosticar nuestro presente a fuerza de conectar con el movimiento que define la propia, irreductible y no siempre simpática novedad de nuestra época.

Índice:

Introducción: sobre el giro antropocéntrico.

I. EL SER EN CUANTO NO-SER
1. Invertir el aristotelismo (el ser del devenir).
2. Drama en tres actos (otros tiempos).
3. Acto primero: la otra escena (Deleuze y el problema de la expresión).
4. Acto segundo: la condición (tiempos modernos).
5. Invertir el kantismo (sin abandonarse al spinozismo).

II. EL DRAMA DEL TIEMPO
6. Lo intempestivo (el último relevo).
7. Acto tercero: la ficción (la Kehre de 1967).
8. Malos tiempos.
9. El pasado puro.
10. El porvenir puro.
11. Racionalidad y diferencia.

III. CONTRA LA HISTORIA
12. Coincidencias asombrosas.
13. The day Gilles met Félix.
14. El deseo a secas.
15. Idealismo y privatización.
16. Dos dificultades.
17. Poesía e Historia.
18. Un ejemplo salvaje.
19. Más allá del contrato social.
20. Motor inmóvil.

Video (online): Para Todos, La 2 – Debate ¿Para qué sirve pensar? (J. L. Pardo, J. Romeo, J. de los Santos)

11/11/2011 1 comentario

Programa emitido en La2 el 23 de junio de 2010.

¿Para qué sirve pensar? ¿Nos hace más felices, o más desgraciados? ¿Es posible no pensar? Hoy les proponemos reflexionar sobre una actividad que, como respirar, no dejamos de hacer en ningún momento: siempre estamos pensando, aunque a veces ni nos demos cuenta. Como decía Descartes, pienso, luego existo. Pero, ¿existimos porque pensamos? Reflexión y debate con José Luís Pardo, Filósofo y Ensayista, Catedrático de Filosofía de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, Premio Nacional de Ensayo y autor de una amplia obra escrita, su último libro publicado es Nunca fue tan hermosa la basura… Juan Romeo, Doctor en Medicina, especialista en Neurología y en Psiquiatría, ha ejercido como Catedrático Agregado en la Universidad Autónoma de Barcelona; y Jorge de los Santos, Artista Plástico y colaborador habitual de esta tertulia sobre Filosofía de Vida.

Video (online): Para Todos, La 2 – Debate ¿Para qué sirve pensar? (J. L. Pardo, J. Romeo, J. de los Santos). Duración 25 min.

Libro: J. L. Pardo, “La intimidad”

30/09/2011 2 comentarios

Concebido inicialmente como una segunda parte de La banalidad (1989) pero luego finalmente como una suerte de corrección del mismo, este libro de José Luis Pardo del año 1996 (reed. 2004) trata de desarrollar un concepto de intimidad, deslindándolo de la privacidad y la publicidad, y combatiendo las distintas falacias que tratan de reducir ese aspecto a lo uno y lo otro. En él se anticipan reflexiones seguidas posteriormente en La regla del juego relativas al papel limitador de la comunidad con respecto a la ciudad y viceversa, toda vez que la una y la otra son, respectivamente, el aspecto “social” de la doblez intimidad — privacidad/publicidad.

Apenas es preciso entonces señalar que, aunque puedan nombrarse mil, hay al menos dos grandes estrategias de destrucción de la intimidad. La primera, bárbara y energúmena, consiste en convertirla en publicidad, es decir, en «elevar» las reglas implícitas y no explicitables que sustentan el discurso íntimo a la categoría de leyes con fuerza ejecutoria (es el sueño de todas las dictaduras y la realidad de todas las mafias: gobernar el Estado como un matrimonio o como una familia, como una Iglesia, como una comunidad monacal o como una fraternidad). De ahí emanan las falacias de la indentidad y de la inefabilidad. La segunda estrategia, civilizada y santificada, consiste en convertir la intimidad en privacidad, es decir, en propiedad privada, transformando las relaciones interpersonales en contratos mercantiles privados (confidenciales): reglas explícitas pero públicamente opacas o secretas que ocultan mezquinos y vergonzantes intereses (el derecho a la privacidad como derecho a las propias vergüenzas o a la propia basura): es el sueño de todas las tecnocracias y la realidad de todos los grupos de presión, a saber, gobernar los matrimonios y las familias como se gobierna un Estado, una empresa, un consejo de administración o una sociedad anónima. Tal estrategia es la fuente de las falacias de la privacidad y del solipsismo. Y no hace falta decir que ambas estrategias de destrucción de la intimidad lo son a su vez de destrucción de la publicidad porque, al convertir la intimidad en objeto de negociación (ya sea pública o privada), eliminan todo límite de la publicidad y, allí donde todo es negociable, ya da lo mismo lo que se negocie porque, en el fondo, no hay nada (importante) que negociar. Cuando se produce esta destrucción de la intimidad entran en escena las tres ilusiones que hemos catalogado: la ilusión de publicidad (sustitución de la opinión pública por las «campañas publicitarias»), la ilusión de privacidad (sustitución de la propiedad privada por una intimidad echada a perder, por basura) y la ilusión de intimidad (sustitución de la intimidad por la privacidad mercantil). Puesto que el resultado común de estas tres ilusiones es la banalización de la publicidad, de la privacidad y de la intimidad, podríamos reservar el nombre de «banalidad» a la atmósfera resultante de su confluencia. (pp. 120-122)

Libro: José Luis Pardo, La intimidad.
En: Pre-Textos, Valencia, 2004. 313 págs.

Contraportada: La intimidad no es el secreto sobre sí mismo que cada cual oculta pudorosamente a los demás, ni tampoco el fondo inefable que sólo yo sé y no puedo compartir. La intimidad es un efecto del lenguaje y, en cuanto tal, no solamente no excluye a los otros, sino que presupone una comunidad. Una comunidad, eso sí, implícita, que no se confunde con el espacio público ni con el tiempo privado de la Ciudad. En este libro se trata de deslindar estos dos órdenes (privacidad y publicidad, de una parte, intimidad y comunidad, de otra) y de mostrar que cada uno de ellos es al mismo tiempo el límite y la condición de posibilidad del otro.

Índice:

INTRODUCCIÓN. Banalidad e intimidad.

1. LA LENGUA DE LA INTIMIDAD. Fragmentos de una teoría de la pasión comunicativa.

2. EL SABER DE SÍ. Apuntes para una fenomenología del espíritu íntimo.

3. LAS RAÍCES DE LA INTIMIDAD. Notas para una genealogía de la moral íntima.

APÉNDICE (AL CAPÍTULO 1) SOBRE LA RELEVANCIA FILOSÓFICA DE LA INTIMIDAD DE LA LENGUA.

A %d blogueros les gusta esto: