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Libro: A. Leyte (ed.), “La historia y la nada. 14 ensayos a partir del pensamiento de Felipe Martínez Marzoa”

21/02/2018 Deja un comentario

lahistoriaylanadaColección de artículos editada por Arturo Leyte a modo de homenaje a Felipe Martínez Marzoa. Se trata de una recopilación de artículos que busca ofrecer una muestra del influjo del pensamiento del homenajeado en la investigación filosófica actual. Más allá del prólogo y del epílogo del editor,  la incidencia de Marzoa se revela ambiental, más que tematizada, y los diferentes artículos componen una ejecución coral que visualiza el influjo y la fecundidad del pensamiento de ese autor. El quicio y la oposición entre Grecia y Modernidad, como no podía ser menos, constituye el eje principal del libro, así como del pensamiento de Marzoa, de forma que gran parte de los artículos exploran esa cuestión de un modo u otro. Pero entonces aparece la variedad y cada una de las aportaciones se dirige hacia un nombre u otro, hacia un texto diferente, y ese eje central entonces se dispersa y cobra su verdadero sentido hermenéutico.

Libro: Arturo Leyte (editor), La historia y la nada. 14 ensayos a partir del pensamiento de Felipe Martínez Marzoa.

En: La Oficina de Arte y Ediciones, Madrid, 2017, 297 págs.

Contraportada:

Los textos recogidos en este volumen constituyen un homenaje a la obra de Felipe Martínez Marzoa. Cada uno de ellos puede ser leído de modo independiente. Su índice, sin embargo –sin rótulos temáticos que orienten previamente su lectura– oculta un orden. Este gesto reitera el homenaje a una obra para la que la historia de la filosofía nunca fue considerada una unidad lógica ni cronológica ya constituida, sino una misma cosa caracterizada desde la interrupción y la pérdida. En este sentido, la actualidad de los textos no procede del tema ni de la época, con independencia de que se trate de Grecia o de la modernidad, sino del modo de interpretarlos.

Los textos responden también al título del libro, aunque no obligatoriamente a la pretensión que lo orienta: nombrar bajo una sola fórmula el trayecto del autor al que se rinde homenaje. La historia y la nada tendría que ser leído a partir de esa “y” que une los dos nombres; a partir precisamente del momento en que se produce su intersección completa, quizá cuando por lo tanto uno de los nombres ya sea redundante y solo quepa referirse a la historia o a la nada.

Índice:
  • Arturo Leyte: A propósito de este libro (Prólogo del editor)
  • Aida Míguez Barciela: A propósito de “Of Suicide”
  • Eulàlia Blay Montmany: El círculo
  • Anna Roense: Los asuntos de Clitemnestra
  • Lucas Díaz López: ¿Quién es el Sócrates de Platón? Una lectura de la Apología de Sócrates
  • Josu Zabaleta Imaz: Belleza y teoría en el discurso aristotélico de lo práctico
  • Guillermo Villaverde López: Consideraciones en torno a la noción de estructura y la época moderna
  • José M. García Gómez del Valle: La “tesis” de Kant sobre el ser
  • María José Callejo Hernanz: La unidad absoluta de un fenómeno
  • Paloma Martínez Matías: Hasta el umbral. Heidegger, Hölderlin y el decir del ser
  • Íñigo Galzacorta: Tomar al fin en serio la metafísica
  • Jorge Álvarez Yágüez: Democracia y nacimiento de la política
  • Carlos Fernández Liria: Modernidad y capitalismo
  • Alberto Moreiras: Distancia infrapolítica
  • Guillermo García Ureña: Vía muerta
  • Arturo Leyte: FMM: una fotografía de su obra (Epílogo)
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Presentación del libro de A. Carrasco Conde “Infierno horizontal. Sobre la destrucción del yo” (23 de febrero 2012, Madrid)

20/02/2012 Deja un comentario

La presentación del libro “Infierno horizontal. Sobre la destrucción del yo” (Plaza y Valdés, 2012) de Ana Carrasco Conde tendrá lugar el jueves 23 de febrero del 2012 a las 18:45 en La Central del MNCARS (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía). Intervendrán Vicente Serrano, Arturo Leyte, Antonio Valdecantos y Ana Carrasco Conde.
Aquí os dejo el invitacion.
Más información sobre el libro en la página de Plaza y Valdés.

SINOPSIS

La enfermedad mortal. La enfermedad del yo. No poder salir de sí mismo, enquistado en la propia mismidad, estar condenado a exponer en un eterno bucle la falta cometida, una y otra vez, sin esperanza. Petrificados en la angustia. Tiempo y sufrimiento. Fue Kierkegaard quien, en otro contexto, al reflexionar sobre la desesperanza como “enfermedad mortal” –“mortal” precisamente no porque cause la muerte sino porque elimina esa posibilidad-, afirmó que la desesperación es una enfermedad propia del espíritu del yo ligada a la eternidad: porque el yo, enclavado en sí mismo, “desesperado cabalmente desespera por eso, por no poder destruirse, y esto es lo que en realidad constituye su tormento”. El tiempo de la desesperanza es por ello el tiempo de un eterno presente que se encuentra reconducido de nuevo al principio, en la forma de una insoportable circularidad. Castigo impuesto exteriormente o autoimpuesto (“de nosotros mismos procede el mal que padecemos” dirá Swedenborg), lo que se repite no es nunca el goce o el placer sino el dolor y el sufrimiento. Su fin es la prolongación eterna del suplicio y la pérdida del sentido del tiempo: quien lo padece ya no tiene, paradójicamente, futuro. Describe Dante en la Divina comedia cómo los condenados en el noveno círculo del Infierno, hundidos en el hielo y petrificados por él, se ahogan eternamente por una pena que ni siquiera puede ser aliviada por el llanto; llorará Oscar Wilde siglos después la suerte de su muerte en vida, donde el tiempo no avanza, donde no hay estaciones, salvo la de la amargura, donde todo se enquista en el círculo de la angustia, y donde “lo que tú has olvidado ya, o estás a punto de olvidar, me está sucediendo a mí en este momento y volverá a sucederme mañana”. Y sin embargo, aunque esta enfermedad del yo permanece como una constante asociada al sufrimiento que se ha de padecer en el infierno, la concepción de lo que constituya el infierno ha cambiado: si antes éste era asociado con un descenso a un inframundo, con un viaje a una esfera inferior de existencia, esto es, era un Infierno vertical y como tal había sido institucionalizado por Dante, hoy, tras la modernidad, el infierno no necesita de guías ni de cartografías, ni tampoco de descensos o viajes iniciáticos en el espacio o en el tiempo. No hay hogueras. Tampoco parrillas. No hay novelas de viaje. Lo que hay es el vacío de la existencia, la creencia de que el infierno son los otros (Sartre), el padecimiento de un sufrimiento tal que hace pensar que, estando vivos, el infierno es aquella “sala grande y vacía […] y hay un grifo que gotea y el agua no se puede beber, y esperamos algo realmente terrible y no sucede nada y sigue sin suceder nada […]” (Primo Levi). Lo que hay es un infierno que puede sufrirse en vida, una narración que ha de entenderse ahora como catarsis o autobiografía, una primera persona del singular que habla ya no como testigo del dolor del otro, como lo hicieran Dante, Eneas u Odiseo, sino del dolor propio, como víctima y protagonista de la historia. Es la nueva concepción de un Infierno horizontal.

Libro: F. Hölderlin, “Der Archipelagus”

27/01/2012 2 comentarios

Publicada en una edición cuidada y lujosa, esta nueva traducción, la enésima al castellano, del poema de Hölderlin “El Archipiélago” introduce una serie de variantes con respecto a las anteriores que justifican su aparición. En primer lugar, la traducción respeta la métrica usada por Hölderlin en su poema, el hexámetro dactílico, incorporando así a la traducción al castellano una decisión del poeta que necesariamente ha de tenerse en cuenta para la interpretación de su obra. Claramente, el hexámetro de Hölderlin ha de hacernos pensar en Homero y en la épica. Al cumplir con la decisión métrica del autor del poema, esta edición nos permite a nosotros, lectores castellanos, acceder a este aspecto compositivo quizá clave para la recepción de la obra. Además, en segundo lugar, el poema se halla circundado por una introducción y un epílogo muy interesantes. El primero, obra de la traductora, Helena Cortés, explica las condiciones del poema, su contexto histórico y filosófico, así como las características métricas del mismo. El segundo, firmado por Arturo Leyte, nos ofrece una interpretación del poema en términos bien distintos de la decimonónica melancolía clasicista. El texto viene acompañado de imágenes que tienen la función de separarnos de esa nostalgia de unos orígenes que seguramente nunca fueron.

Por eso el Poema no delimita una zona geográfica ni histórica, sino exclusivamente una zona poética: Hölderlin es el único de sus contemporáneos que sabe por primera vez que Grecia –nombre para el pasado– no es una herencia que se pueda reconstruir según reglas clásicas, ni tampoco nuestro futuro destino romántico; ni la utopía ideal que sirva de guía; ni siquiera ya el material poético y documental que nutrió la cultura plástica y literaria, sino una señal irrevocablemente perdida cuyo parpadeo solo se puede registrar poéticamente, sin garantía alguna de éxito. Más bien, bajo el presentimiento del fracaso, pues sabe que el Poema ya no puede presentar directamente la cosa que dice, definitivamente desaparecida. (…)
Bajo la apariencia retórica de una historia de Grecia, El Archipiélago habla de nuestro tiempo: es la recreación de un viaje poético que comienza con una pregunta del viajero a la naturaleza: “¿Ya es primavera?”. También con otra a la que no se puede responder inmediatamente al inicio: “¿Tornan las grullas de nuevo a tu lado y enfilan de nuevo rumbo a tus costas los barcos?”. Presumiblemente la respuesta será negativa en ambos casos, pero a esas alturas del Poema, en su verso inicial, la pregunta se vuelve condición para comenzar a escribir. En efecto, ¿para qué comenzar si las grullas hubieran vuelto, como cada año y el alma fuera joven?, ¿para qué si los barcos enfilaran de nuevo el rumbo a las costas y no perdieran, en cambio, de vista las islas? El Poema se haría innecesario, porque viviríamos en el archipiélago y su tiempo. Pero no estamos en él. En realidad no se pregunta por el tiempo de Grecia, sino por el nuestro, que entretanto tampoco es ya el de Hölderlin, sino el que anticipó, en el que ni siquiera se hace posible preguntar por Jonia ni por el mar. Pero esta imposibilidad, que puede volverse negativamente una nostalgia, constituye también el posible punto de arranque para la lectura. Tal vez sea ahora cuando se pueda leer El Archipiélago sin la vana ilusión de que Grecia se encuentra detrás como origen o nos espera románticamente como un ideal para cumplir.
(pp. 107-108, epílogo de Arturo Leyte)

Libro: F. Hölderlin, Der Archipelagus.
Ed. bilingüe de Helena Cortés Gabaudan. Con epílogo de Arturo Leyte.
En: La Oficina, Madrid, 2011.

Presentación y lectura dramatizada de “El Archipiélago” de F. Hölderlin (ed. La Oficina) (Goethe-Institut Madrid, 25-1-2012)

24/01/2012 2 comentarios

El próximo miércoles 25 de enero, a las 19.30h tendrá lugar, en el Goethe-Institut de Madrid, la presentación de la nueva edición de El Archipiélago de Hölderlin, que contará con la participación de Helena Cortés, traductora del poema, Arturo Leyte, autor del epílogo, y del poeta y editor Juan Barja. Tras su intervención, Javier Navarro, autor y dramaturgo, leerá una selección de fragmentos del poema.

Ver la noticia en la web de La Oficina.

Artículo (pdf): A. Leyte, “Grecia como conflicto entre Kant y Hölderlin”

31/05/2011 2 comentarios

Artículo de Arturo Leyte donde examina el modo de asumir “Grecia” en la modernidad, prestando atención a la distancia entre el modeo de hacerlo Kant, que no se propone explícitamente esta tarea, pero que consituye algo así como un momento “Grecia” de la modernidad, y el idealismo, que sí se la propone, pero con vistas a reducirla, entendiéndola como un punto dentro de un decurso más global. Esta inicial contraposición, que sirve para entender por qué el idealismo tiene que realizar una similar operación reductora con Kant, se analiza y desarrolla después, de la mano de la contraposición entre la asunción implícita kantiana y la explícita de Hölderlin, que se hace cargo de la distancia entre la modernidad y Grecia, esto es, del reconocimiento de su insalvable pérdida.

La diferencia o el conflicto entre Kant y Hölderlin coexiste con el conflicto más radical entre Kant y el idealismo, del que es inseparable. Así pues, para leer el primero se necesita tener como fondo el segundo. El asunto es tan complicado que se hace preciso cumplir algunos pasos para que de su exposición se concluya al menos algún resultado. Enumerémoslos, aunque sea bajo la forma de interrogación: 1. En relación con el idealismo: ¿qué significa que una filosofía absoluta necesite reducir a Grecia y que tal reducción sea solidaria de una reducción de Kant? 2. En relación con el propio Kant: ¿en qué aspecto o dimensión constitutiva de su filosofía Kant, que se ve a sí mismo como pensador moderno, reitera de todos modos a Grecia? 3. En relación con Hölderlin: ¿por qué Kant, o al menos su lectura de Kant, supone para Hölderlin la medida de su reconocimiento de Grecia? En estas tres cuestiones, que habría que desarrollar por separado, aunque guardando permanentemente su interna atención, aparece enunciado el término “Grecia”. Digo expresamente el término, porque no habría que dar por sentado nada bajo pena de que entonces todo el entramado del problema dejara de tener sentido. Habrá, en consecuencia, que hacer explícito como paso previo, algo a propósito de esa “Grecia” que se maneja aparentemente de forma tan ligera.

Artículo (pdf): Arturo Leyte, “Grecia” como conflicto entre Kant y Hölderlin.
En: Anuario Filosófico, 37:3 (2004), pp. 713-732.

Resumen: This article focuses on the meaning of Greece in the modern Philosophy, specifically as a conflict between Kant and Hölderlin. It is shown the distinct perception from Kant and the idealism that becomes crucial: Greece as a conflict means the conflict between the Greek and the modern, between the difference and the absolute.

Artículo (google books): F. Martínez Marzoa, “El pensamiento de Heidegger ante la brutalidad contemporánea”

17/01/2011 2 comentarios

Artículo de Felipe Martínez Marzoa publicado en F. Duque (ed.), Heidegger. Sendas que vienen y que es una versión revisada de una conferencia pronunciada durante el congreso Pensamiento, arte, poesía. Heidegger, 30 años después que, coordinado por Félix Duque, se celebró en el Circulo de Bellas Artes, el Goethe Institut (Madrid) y la UAM los días 22-26 de mayo del 2006. Además, de este artículo, en el enlace podéis leer los artículos de Félix Duque, Luis Tamayo, Wolfgang Welsch, Ángel Gabilondo, Hans-Helmuth Gander, Ramón Rodríguez, Günter Figal, Adriano Fabris, Jean-François Courtine y Volker Rühle.

Preguntar si se es o no consecuente con todo esto puede comportar también ponerse a explicitar qué pasa si no se es consecuente, por ejemplo: que se tome todo como una especie de regañina a la tradición metafísica, incluso con invocación de un «premetafisico» y/o «postmetafísico». Ahora bien, si esto es relativamente fácil de descartar como interpretación con el conjunto de los textos de Heidegger a la vista, quizá no lo sean tanto otras cosas que, siendo versiones de lo mismo, a la vez se expresan con teclados en cuyo uso Heidegger no es especialmente capaz.
En efecto, la posible inconsecuencia a la que apuntamos podría también describirse como algo parecido a lo siguiente: sobre la base de la situación descrita en la que nada acontece, ponerse a producir acontecimiento; desde la mencionada ausencia de contenidos vinculantes, querer instaurar contenidos vinculantes; en la ausencia de comunidad, pretender establecer comunidad.
Ponerse a producir, a instaurar, a establecer, allí donde simplemente no hay, es quedar conceptualmente inerme (carente de criterio) ante la arbitrariedad y, por lo tanto, ante la trivial brutalidad. Pues lo que en verdad quiere decir eso de que no hay acontecimiento es que no hay marca alguna en la que pudiese reconocerse lo que es y lo que no es un verdadero acontecimiento, o sea, que está habiendo continuamente presuntos acontecimientos tan presumibles los unos como los otros, lo cual comporta que, de no haber sido el nazismo, habría sido otra cosa.

Artículo (google books): Felipe Martínez Marzoa, El pensamiento de Heidegger ante la brutalidad contemporánea.
En: Félix Duque (ed.), Heidegger. Sendas que vienen, Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2008, pp. 67-81.

PD: Coloquio entre Felipe Martínez Marzoa y Arturo Leyte, recogido por la revista Minerva, con motivo del Congreso antes mencionado:
Artículo (pdf): Arturo Leyte / Felipe Martínez Marzoa, La pregunta por Heidegger.
En: Minerva, 3 (2006).

Entrevista (html): Arturo Leyte (gallego).

12/01/2011 3 comentarios

Fuente: Alea.

Leer la entrevista en Elpais.com. Trataremos de poner una traducción al castellano en los comentarios.

Estudoso do idealismo alemán -é investigador da Comisión Schelling da Academia de Ciencias de Baviera-, da hermenéutica e da estética, Leyte publicou Ensaios sobre Heidegger, Heidegger ou o máis actual El arte, el terror y la muerte, con versión inglesa en camiño. O filósofo vigués refresca o fascinio do pensador que equiparou dominación e ideoloxía. A secularización da súa obra, alimento de lecturas contrapostas que chegan ata o marxismo e a psicanálise, foi abrollando malia as chanzas de Adorno e os desencontros coa filosofía analítica. Sobre a posibilidade de editar en galego textos breves e decisivos do pensamento contemporáneo (de Husserl a Derrida), que el mesmo propuxo a Xerais hai tres anos, Leyte é “pesimista”.

Pregunta. Por que tantas dificultades?

Resposta. Por falta potencial de lectores e pola dificultade de atopar xente que poida coñecer ben ao autor e traducilo directamente desde o orixinal. Rafael Martínez Castro, que traduciu o Tractatus, si respondía a esas esixencias, pero a miña percepción é pesimista no que se refire a atopar xente entre os investigadores e os estudantes de Filosofía galegos. Dous sinais dunha mesma dificultade…

P. As reivindicacións de Filosofía “non teñen cabida no currículo”, segundo explicou a conselleira de Educación.

R. Incluso o mellor do pensamento contemporáneo se considera de pasada, ou inaccesible. Iso, unido ao feito de empezar a verse como unha alfaia do pasado… Maniféstase na redución dos planos de estudo de bacharelato e nunha nova concepción do saber no que as humanidades nun sentido clásico, historia, filosofía, literatura, tenden a desaparecer. A parte deses estudios menos cinguibles a unha metodoloxía científica, os potencialmente máis críticos, quedan como adubío. Agora hai ciencias humanas e ciencias da natureza.

P. Que é o que interesa?

R. A educación como industria; como tal, rendible e altamente organizada. Se algún tipo de ensino se sae desas pautas, torna potencialmente perigoso, ademais de difícil de avaliar, que é a obsesión da psicopedagoxía. Como se pode avaliar a capacidade de ver un cadro ou de comprender un texto filosófico ou literario? Por aí van as cousas. Non se admite o suspenso, o fracaso [cita A tentación da inocencia, de Pascal Bruckner], porque, dalgunha maneira, tamén hai un engano previo da psicopedagoxía: que, realmente, tecnolóxica e metodoloxicamente, todo se pode ensinar. Que ese modelo de enxeñería fracase, malia todo, debería obrigar a buscar claves de explicación anteriores.

P. En que medida a tese do olvido do ser fronte á “apoteose” da técnica explica hoxe a vixencia de Heidegger?

R. A sociedade actual é estruturalmente científica, pero a paralaxe entre progreso técnico e humano, entre saber instrumental e crítico, produce un aborto de saber. Heidegger viu algo moi claro nunha percepción tráxica do saber en sentido científico: que non pode resolver os problemas da existencia humana. E se realmente considerase que o pode todo, conduciríanos a unha ditadura. O elemento irreducible non é algo máxico, é o que non se deixa reducir á organización. E iso chámase existencia. A tecnoloxización da existencia en todas as súas dimensións é o que forma parte da catástrofe posible.

P. Na súa versión posmoderna non favoreceu linguaxes demasiado estetizantes, por exemplo no ámbito da identidade?

R. Heidegger sería o voceiro da diferenza, da imposibilidade de recoñecer unha identidade como principio e, en consecuencia, de ter que partir en todo momento da diversidade, á que dificilmente se lle pode atopar conceptualización. Iso, é certo, pode interpretarse como unha patente de corso que lexitima calquera xustificación estética. Que a poesía nos pode salvar, que a arte é un lugar privilexiado para a manifestación da verdade… Asuntos parecidos, desgraciadamente, atópanse en Heidegger e dan pé a intérpretes mistificadores que, de todos os xeitos, máis parecen membros dunha secta que honestos lectores.

P. No mundo anglosaxón aínda hai quen cadra a súa xustificación metafísica do nazismo cun programa filosófico orientado a negar a “esencia humana”.

R. Para Heidegger o humanismo é a concepción científica da vida. Fronte a ela, reclama outra existencial, en absoluto a negación do home. A súa crítica é durísima, pero recóllena desde Foucault a Sloterdijk. A miña posición aquí é moi clara. Por suposto, desde unha convicción fondamente democrática, pero non santulleira, porque é esa beatería a que remite á industrialización da educación… Sobre o potencial da democracia e os perigos que a axexan, apréndese moito máis dos antidemócratas que dos beatos da democracia. Só desde aí se comprende que a partir de Heidegger ou de Schmitt, representantes da antidemocracia, se poida entender mellor ca en ningures que é a democracia e os seus límites.

P. Humanísticos, ao cabo.

R. Claro. A democracia como organización política dominante é absolutamente nihilista, ao non recoñecer ningunha norma previa que non sexa produto do propio diálogo democrático… Aí segue o dilema: cómo estar seguros de que a lei emana da sociedade e non é un produto da súa tecnoloxización, ou do seu secuestro por un valor agochado? É moi difícil ser demócrata sen recoñecer unha sorte de valores, cando a democracia, xenuinamente, non presupón ningún… Na antipolítica de Heidegger pódese albiscar algo decisivo sobre a vida política actual: non se pode identificar infantilmente a política cunha nova relixión salvadora. Á vista está. Non asumimos o descarnada e nihilista que é a democracia, pero precisamente aí reside a súa potencia.

P. En Por que Heidegger fixo o correcto en 1933, aínda que na dirección contraria, Zizek fala de volver sobre eses límites para recuperar un pensamento forte.

R. Por aí orientaba a cuestión: é como se o pensamento liberal, que se identifica sobreentendidamente coa democracia, se puidese escusar así dunha reflexión… Zizek pensa que é necesario reformular os fundamentos máis duros da Ilustración. Quen admite que non hai principios, sexan espirituais ou culturais, aos que agarrarse para fundamentar algo? En certo modo, o que a tradición chamou espírito e desterrou como reliquia, veu ser suplantado pola cultura, que parece que ten un valor de seu e que serve de raíz para, por exemplo, fundamentar unha política… Desde a perspectiva dun pensamento forte, isto é simplemente premoderno. Insisto: o problema inhibidor segue sendo a concepción relixiosa da democracia, no sentido de que dela pode proceder unha salvación [menciona ao “Obama salvador”]. Ilustradamente, ou ben non se pode falar de salvación ou, de haber algo así, só pode vir do exercicio humano. Pero é que aínda hai medo á Ilustración.

P. Falamos do rescate político do capitalismo.

R. Si, unha política de rescate antidemocrática. Pero do que falamos é do destino da sociedade.

P. Felipe Martínez Marzoa xubilouse en Barcelona…

R. Si, cando a súa presenza nunha facultade de Filosofía galega tería modificado o futuro da universidade e da sociedade mesma… Unha perda decisiva, pero así se escribe tamén a historia das institucións.

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