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Artículo (pdf): F. Duque, “Martin Heidegger: En los confines de la Metafísica”

Artículo de Félix Duque de 1996 donde se ofrece una visión panorámica de la obra de Heidegger, resaltando su unidad y su trabazón interna.

Este es a mi ver el (extraño) corazón del pensar heideggeriano, la «estrella» tras la que —a veces a tientas— iba desde su juventud. El nihilismo, el desierto de la Técnica y el Consumismo en que hoy estamos, no consiste en un escéptico y agnóstico «no saber nada respecto a qué sea la Verdad». Ese escepticismo seria en el mejor de los casos (como ya se ve en Descartes) una duda metódica, una estrategia guiada por la creencia de que todo está (o estará, al fin de los tiempos) a la mano del hombre: todo, disponible —-«contante y sonante», como el dinero- porque la realidad es en el fondo un «producto», una «maquinación» del Hombre: primero Lugarteniente y luego Señor del Ser, a través de la ciencia y de la técnica. Esta creencia —esta querencia, pues que de «voluntad» se trata— ha sido desbaratada por el proceso mismo de la tecnología. En ella se despliega una «esencia» (el término no tiene en Heidegger un sentido estático, ideal, sino transitivo, de despliegue de «posibles») hasta ahora impensada. La esencia de la tecnociencia es la «estructura de emplazamiento», el Gestell: el máximo «peligro» y a la vez un «destello» del Ereignis. Peligro, porque el «emplazamiento» es anónimo (como lo son las «sociedades» en las que se muestra la esencia de la empresa moderna): es inútil «echarle la culpa» al «sistema» o tildar a la técnica de demoníaca»: «nadie» es responsable de lo que «pasa» (una curiosa —no sé si consciente— confirmación de la admonición hegeliana contra esos reformadores y revolucionarios que quieren «cambiar» el mundo según los dictados de su «corazón»; adviértase que esa admonición hegelo-heideggeriana era compartida también por Marx). Ello no significa, sin embargo, una quieta y «burguesa» conformidad con el «orden establecido», como veremos. Ahora bien, ese «anonimato» (se trata de una «estructura», no de una «imposición» —dicho sea esto contra una mala traducción de Gestell—) amenaza con engullir al propio «hombre» que se creía señor de la Técnica, parcelándolo y disponiéndolo según las necesidades de la máquina y las previsiones de la Information (ver la conferencia —homónima— al final de SvG). Pero esa «humillación» (después de la copernicana, la marxista, la freudiana y la nietzscheana) que echa por tierra todo hipócrita «humanismo» (esconda o no un «dios» humano, demasiado humano) es también —con Heidegger—un «destello». La admonición es una premonición. En ese destino ineluctable, el hombre deja de «hacerse ilusiones» y deja por ende «en paz» a las cosas, en cuanto cosas («cosa» viene del latín causa —como cuando se habla de «luchar por una buena causa»—: una situación «decisiva» en la que el hombre está comprometido; recuérdese lo que decía Orteg aen Meditaciones del Quijote: «yo» soy «yo y mis circunstancias; y si no las salvo, no me salvo yo». Sólo que Heidegger es más radical: «circunstancia» alude en definitiva al «yo» como centro. Pero en la cosa-causa no hay «centro», sino ajuste, ensamblaje del decir y el hacer humanos con las posiblidades ofrecidas en situaciones que revelan una «falta»).

Artículo (pdf): Félix Duque, Martin Heidegger: En los confines de la metafísica.
En: Anales del seminario de historia de la filosofía, Nº 13 (1996), pags. 19-38.

Resumen: El ensayo se propone ofrecer una visión de conjunto de la obra de Martin Heidegger, centrada en el problema de la verdad del ser, verdad que brilla en la actitud del «estar-ahí a la muerte», en la obra de arte como cruce en quiasmo y en el ensamblaje cósmico de la Cuadratura. Se hace resaltar así la fuerte unidad que preside el camino del pensar heideggeriano, más allá de las consabidas, didácticas y artificiosas divisiones, vueltas y contravueltas; más allá, también de interpretaciones
externas y forzadas.

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  1. Fernanda Damas Cabral
    24/03/2011 en 01:27

    A Imagem de Caspar Friedrich é das minhas preferidas, mas nunca a vira numa composição tão sublime e sobretudo tão próxima da HÜTTE de Heidegger.
    Mesmo sem ter ainda lido as palavras sei que me vai abrir ainda mais os conhecimentos. Muitos Parabéns, por tudo e pela qualidade de toda a visualidade da página e páginas. Vou guardar tudo, ciente de que guardo também Heidegger.
    Prossiga o seu caminho da Floresta Negra.FDC

  1. 24/02/2011 en 14:20
  2. 04/03/2011 en 11:33

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