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Artículo (html): J. L. Pardo, “¿Cómo se llega a ser artista contemporáneo?”

Breve artículo de José Luis Pardo del año 2003 que reflexiona sobre la condición del “arte contemporáneo”, en su diferencia con respecto al arte moderno y al premoderno.

Esto de lo “puramente artístico” ha resultado siempre algo bastante misterioso, sobre todo considerando que el pensador moderno que quintaesenció en una fórmula varios siglos de reflexiones metapoéticas definió este misterio, del lado del receptor, como una extraña facultad llamada “gusto”, que no se puede aprender, y del lado del productor como una peculiar disposición del temple anímico —el genio— en virtud de la cual la naturaleza da la regla al arte.
Seguramente el arte empezó a tornarse contemporáneo el día en que esta condición misteriosa pasó a ser directamente sospechosa, sospecha que pende como una vergonzosa mancha sobre todo lo que hoy quiera ser llamado bello. Y, aunque la queja más popular contra el arte contemporáneo consista en acusarle de fealdad en el sentido (antiguo) de “imperfección objetiva”, quizá su más profundo feísmo se relacione más bien con su rechazo de la belleza en el sentido (moderno) de “placer subjetivo puramente artístico”, hasta el punto de que podría decirse que se llega a ser artista contemporáneo a través de una carrera sembrada de “atentados simbólicos” que, ahora, ya no se dirigen contra el orden establecido de la representación (puesto que cada vez está menos claro que haya un orden de este tipo o en qué consiste) sino precisamente contra el arte como institución, entre cuyos muros medio demolidos vive a su pesar el artista contemporáneo, tomado por lo que precisamente ya no quiere ser, o sea, ornamento de un poder público o recremento de poderes privados.

Artículo (html): José Luis Pardo, ¿Cómo se llega a ser artista contemporáneo?
En: Letras Libres, Febrero 2003.

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  1. Gonzalo
    16/09/2010 en 12:45

    Buenos días,

    quería hacer un comentario, veo que en este blog aparecen muchas veces post relacionados tanto con la obra de José Luís Pardo, como con la de Felipe Martínez Marzoa. Entiendo por tanto que para vosotros tanto uno como otro os parecen figuras interesantes en el panorama de la filosofía española. Sin embargo a mi me parece que uno y otro son incompatibles, especialmente a la hora de analizar el ámbito de la filosofía griega. Es decir que si a uno le interesa el trabajo de Marzoa sobre este ámbito, eso implica que no puede interesarle de veras lo que Pardo comenta sobre esto, y viceversa. Mi pregunta es ¿como conseguís mantener ese doble interés por ambos? ¿Que veis en uno y otro de común?

    Gracias

  2. 16/09/2010 en 14:51

    Hola Gonzalo.
    Lo primero de todo es indicar que no todos los artículos que aquí aparecen, sean del autor que sean, son conmensurables y armónicos. Son comentados porque en algún aspecto nos parecen interesantes, sea porque informen de un cierto problema, sea porque expongan una determinada posición, sea porque ofrezcan una línea de lectura potente de algún texto, sea, incluso, como contrafiguras de una discusión, etc. Dicho con un ejemplo, no se dudaría en reseñar algún artículo crítico con Marzoa (pese a que éste nos parezca del máximo interés), precisamente porque hay habría algo sobre lo que discutir. Las armonías son buenas en música, pero en filosofía…
    Dicho lo cual, vayamos a lo concreto, la distancia que separa a José Luis Pardo de Felipe Martínez Marzoa, al menos en lo que respecta a la filosofía griega. ¿De verdad es tan insalvable como planteas? Porque (y ahora paso al singular) yo veo más distancia, por ejemplo, en un Guthrie o un Ross con Marzoa, que la de Pardo con él. De hecho, no creo que el libro “La regla del juego” de José Luis Pardo se pueda entender, digamos, en su capa más profunda, sin “Ser y diálogo” de Marzoa. Es verdad que aquel prescinde de las reservas de éste sobre la distancia epocal, pero no menos cierto es que, según las condiciones de Marzoa, esas reservas casi sólo las cumple él, de modo que si esa condición -el no seguir una cierta prudencia hermenéutica con respecto a la diferencia epocal- fuera la marca de que no te interesara algo, no te interesaría nada salvo Marzoa (y pocos más), con lo que no habría que concretar la pregunta sobre José Luis Pardo sino decir: “¿Cómo conseguís mantener un interes en Marzoa y en otros autores que no cumplen lo que Marzoa cumple?” No sé si exagero, pero creo que hay que tener cuidado con esto, porque podemos encontrarnos en este limitado sendero. Para que no haya confusiones diré que soy partidario de las reservas que Marzoa antepone a la lectura de textos, en particular griegos.
    Por lo demás, un texto filosófico, incluso un texto sobre Platón y Aristóteles, no sólo es “útil” para entender al autor del que se trata. Como ya comenté a otro compañero al que le parecía un “dislate anacrónico” el relacionar el Protágoras platónico con los conceptos kantianos de “filosofía mundana” y “filosofía académica”, puede ser que una reflexión sobre Platón nos permita entender algo del texto kantiano, o de las discusiones actuales sobre los métodos pedagógicos. Puede ser incluso que una reflexión de José Luis Pardo te permita entender mejor lo que Marzoa cuenta en Ser y diálogo, por más que aquel se salte reservar que éste exige. No digo que vaya a ser el caso -y menos con este artículo-, sólo es posible y que no hay que excluirlo por, digamos, diferencias de “escuela”.
    Tras esto, quiero decir que yo no entiendo por qué José Luis Pardo se salta esas distancia (lo hace a veces, como en líneas generales, porque luego evita proyectar digamos “anacrónicamente” categorías como “literatura”, “poesía”, etc., al igual que discute las diferencias semánticas de expresiones que a nosotros nos parecen transparentes, como “saber”, “virtud”, etc.), sobre todo, teniendo en cuenta que él ha leido a Marzoa, y no superficialmente. Yo soy, en esto al menos, marzoano (pero casi diría también gadameriano, o heideggeriano), y no entiendo que se ignore esta cuestión. Justificaciones de esta “ignorancia de los límites” no he encontrado (aún) en su obra. Lo más que pueda parecérsele es esta nota de “La regla del juego” (p. 17):
    “En otro orden de cosas, debo advertir de entrada la necesidad de desprenderse de inmediato del prejuicio, que lo leído hasta ahora y lo que viene después podría inducir, de que éste sea un libro sobre “filosofía antigua”, o sobre “filosofía griega”, o sobre “Platón y Aristóteles” pues, aunque más tarde o más temprano quedará en evidencia que no es así, conviene que desde el principio se reconozca que éste pretende ser un libro “de filosofía”, y que la mención insistente de Platón y de Aristóteles no obedece sino a que sus escritos muestran la trama misma de lo que podemos entender bajo este nombre y que es nuestra obligación hacer visible a los que hoy leen y escriben.”
    ¿Qué entiendes tú en este texto? Te lo pregunto porque es un texto que me inquieta y me hace dudar entre varias interpretaciones: una, la referida de la no distancia histórica, otra, la de que, como decía Kant, no se aprende Filosofía sino a filosofar (es decir, no hay algo asi, o no tiene ninguna relevancia el que lo haya, como un objeto académico muerto llamado “filosofía griega”).
    Por lo demás, tengo que decir que “La regla del juego” es de los mejores libros, con perdón, sobre Platón y Aristóteles que he leido.

    Un saludo.

  3. xavier ocampo hidalgo
    26/02/2011 en 17:09

    Buen día. Precisamente del eclecticismo o mezcla de ideas surge parte del arte contemporáneo. Eclecticismo, contradicción, rompimiento, trasgresión , etc….Ideas opuestas se contraponen obviamente, sin embargo ya es parte de esa actividad o o de la consecuencia de diversos puntos de vista. Hace algunos meses asistí a una exposición de arte contemporáneo, la cual da cada año en un institución pública local de mi ciudad natal (Guayaquil – Ecuador). Mientras revisaba una de las obras expuestas entablé conversación con una joven mujer quien dijo ser estudiante de arte en una de las academias de acá….Hablando sobre el arte actual ella algo mencionó sobre la estética…le pregunté qué significaba aquello…ella respondió que la estética “tiene que ver con lo bello”………………¿¿Es sólo así??

  4. noentiendonada
    27/02/2011 en 23:57

    ¿Quizás que son diferentes?

  5. 28/02/2011 en 10:53

    No alcanzo a entender la conexión entre la reflexión sobre el arte contemporáneo y la anécdota sobre la estética. En todo caso, “estética” es el nombre que ha llegado a tener la reflexión filosófica sobre lo bello, sí. Igual que Ética sobre el bien, etc. Si es “sólo” así, pues habría que ver qué se quiere decir ahí con “sólo”. Porque podría decirse “¿te parece poco?”. En todo caso es una pregunta demasiado abstracta. Obviamente, no hay una respuesta unívoca, o al menos, no hay una que no suponga polémica.
    Aquí tienes, por ejemplo, una entrada de un Diccionario filosófico sobre estética. Es parcial, obviamente, pero es una respuesta, si eso es lo que te interesa.
    http://www.filosofia.org/filomat/df649.htm

  6. Gonzalo
    05/07/2012 en 13:17

    Buenos días efímero,

    Quería comentar algo más sobre la conversación que mantuvimos en su día en referencia a esta entrada en el blog, tu respuesta me parece muy interesante por la idea de fondo que creo entender, en ella parece que defiendes que entre Marzoa y Pardo hay muchas cosas más que los unen que las reservas de aquel sobre la distancia epocal y que no se encuentran en este.

    Pero, ¿qué significa que la filosofía de hoy en día creyese por un instante poder encontrase con nada más y nada menos que con los antiguos griegos? Considerarse o no por encima de la distancia no parece un asunto cualquiera, no es un aspecto más entre otros del discurso filosófico sobre el cual se pudiera estar más o menos de acuerdo sin que por ello se abra una brecha insalvable entre una filosofía u otra. ¿Por qué? Pues porque afecta al “asunto” mismo de la filosofía, nosotros modernos sólo podemos hablar del modo en que hablamos (reflexivamente) porque Grecia se perdió para siempre, porque a eso que en Grecia tuvo lugar le pertenece perderse. Hay reflexión porque en la reflexión algo queda atrás. Y la única manera que nosotros tenemos de hablar de ello es guardando el rechazo categórico y el fracaso del diálogo.

    • 09/07/2012 en 17:19

      Bueno, Gonzalo, te diría que, obviamente, el discurso de nosotros modernos y ellos griegos, ya es una petición de principio para la discusión mencionada, de suerte que es un tanto tautológico lo que se añada. Entiendo la cuestión del rechazo categórico y la del fracaso, pero también entiendo que formularlo de ese modo contiene la incorrección de fondo de sentar una postura, una posición, y no ser así un experimentar el fracaso, por así decir. No creo que la cuestión sea, por lo demás, encontrarse con los antiguos griegos, ni para Marzoa, obviamente, pero tampoco para José Luis Pardo, ojo.
      No me interesa tanto sostener que entre Marzoa y Pardo hay un acercamiento como que ambos manejan una lectura de Grecia que me parece muy potente y digna de comentar. Luego pues puede uno parecerle que, desde los presupuestos del otro, el otro no dice lo correcto, pero eso es aceptando los presupuestos del otro, claro.
      En resumen, lo único que quería decir era que me parece bastante peligroso interesarse sólo por un autor, o por la pléyade que le acompaña. Peligroso, porque la jerga que uno utiliza para expresarse acaba convirtiéndose en fórmula y de ahí al dogma hay un paso. Obviamente, Marzoa no se interesa sólo en Marzoa. Y no ha hecho esos libros y artículos increibles a fuerza de darle al magín en su casa, sin leer nada. Hay influencias, inspiraciones, sugerencias, que pueden venir de cualquier lado, más aún de un autor tan interesante como José Luis Pardo. ¿Que no cumple estrictamente con los postulados hermenéuticos de Marzoa? Exacto, porque no es Marzoa. Eso es lo bueno y lo malo que tiene.
      Un saludo.

  7. Gonzalo
    10/07/2012 en 10:49

    Si no te entiendo mal, lo que creo que propones es no cerrarse al discurso de un autor determinado sino saber coger también lo bueno que hay en otros autores para de esta manera enriquecer el propio discurso. Tomando de aquí y de allá lo que encontramos más potente e intentar incorporarlo a nuestro propio modo de entender la filosofía.

    En lo que no estoy de acuerdo con esta manera de entender la filosofía es que es una hermenéutica que se queda a medio camino ¿Por qué? Pues porque aunque establece un dialogo con otros discursos filosóficos se olvida de lo que debe fundamentar ese diálogo: que el pensar es un corresponder con aquello que da que pensar y que en ese dar que pensar al mismo tiempo se oculta. Pero si yo automáticamente cojo esto y digo que eso es solo un postulado de alguien y que hay que saber abrirse a lo que dicen otras personas porque si no se corre el riesgo de caer en el dogmatismo, en el fondo lo que he hecho es convertir lo puramente negativo en algo positivo y relativizar todo el dialogo hermenéutico.

    Tal y como yo lo veo, lo que convierte en potente el pensamiento de Marzoa, de Heidegger o la poesía de Hölderlin, etc.. no es tanto el tino que han tenido a la hora de dejarse influenciar por lecturas o sugerencias muy diversas, si no el mantenerse fieles a aquello que retirándose da que pensar. Esta correspondencia es lo que al menos a mí me sirve como criterio para discernir un pensamiento que tiene fuerza de uno que no ¿No se qué te parece?

    • 12/07/2012 en 20:58

      Hola Gonzalo.
      Pues sí, esstoy de acuerdo en que palabras como “cosa” o expresiones como “lo que da que pensar” son fundamentales, pero en fin usarlas como criterio es peligroso porque ¿qué es la “cosa” que hay que pensar? Obviamente unos dirán que es esto, otros dirán que es aquello. Vamos, que me parece una parte fundamental de la interpretación, pero que no me parece que sea tan fácil atenerse a ella, o ver quien se atiene a ella, como parece desprenderse de lo que dices. Al menos, si queremos ser rigurosos; si no, pues llamamos la “cosa” a lo que nosotros pensamos y a regalarnos los oídos con aquello que queremos oír. No sé si me explico.
      ¿Es esto relativizar todo el diálogo hermenéutico? Quizá. Pero es que la contraria me parece más terrible, la de decir que lo que yo digo es la cosa. Interpretar supone pluralidad de interpretaciones (Marzoa dice algo así como que el número de interpretaciones es indeterminado, pero no infinito, en el sentido de que si bien es posible más de una interpretación, sin embargo, no toda interpretación es posible.) No creo que esto suponga caer en el “todo vale”, pero en fin quizá se puede discutir. De cualquier forma, me parece que en el “todo vale” caemos cuando no somos críticos con la noción de “cosa”, porque entonces damos por bueno un cúmulo de arbitrariedades que son precisamente la falta de criterio.
      Lo de lo puramente negativo convertido en positivo me gustaría que lo explicases más, porque no veo qué quieres decir con eso.
      Por último, diría que sí, estoy de acuerdo en lo de aquello que se retira en el pensar etc., pero te replicaría, frente a lo que dices ed la potencia del pensamiento de Heidegger, que eso de retirarse y tal es del propio Heidegger, o mejor, de lecturas que Heidegger ha hecho de los textos griegos. Entonces sí, claro, el pensamiento de Heidegger es potente… medido desde lo que dice el propio pensamiento de Heidegger! E insisto en que Heidegger, Marzoa, etc., me parecen ineludibles y me declararía seguidor de ellos, pero ello no exime (de hecho ellos explican esto) de darse cuenta de que toda lectura tiene unos determinados presupuestos que no es posible sortear o eliminar. Al referirme a las lecturas de Marzoa, etc., me refería más a esto de los presupuestos que a otra cosa, lo que pasa es que, en fin, poco sé de Marzoa salvo algunas influencias “filosóficas” que pueda tener.

      Pero no sé si nos estamos alejando del debate inicial.

      Para volver a él, te remito al último libro de José Luis Pardo, llamado “El cuerpo sin órganos”, que va sobre Deleuze y en el que, en un determinadun lacanianoo momento, a propósito de una interpretación de Deleuze del “tiempo” en Aristóteles, se dedica a corregirle, digamos, y a diferenciar la noción de tiempo de los antiguos y la de los modernos. Son las págs. 33-36. Te copio un poco para que veas lo que quiero decir:
      “El ahora antiguo mide un paso, pero el paso (el movimiento, el cambio) destila su propia medida, sin que quepa pensar nunca en el tiempo como una medida exterior y homogénea capaz de subsumir en su contabilidad abstracta cualquier clase de cambio o movimiento. Por el contrario, el ahora moderno (…) no es el paso del antes al después o la medida de un movimiento que va “de algo a algo diferente”: el ahora moderno es un fragmento abstracto, descualificado, vacío e indiferente a su contenido, del cual pueden obtenerse tantos clones como se desee, pues la secuencia de los ahoras es por definición infinita, o sea, no admite un primero ni un último”.
      Creo que en este pasaje, y en el tramo entero, se mantiene una cierta distancia epocal. Por lo demás, he podido leer más obras de Pardo y en otra más antigua que La regla del juego (“La metafísica: preguntas sin respuesta y respuestas sin pregunta” o algo así) también se establece esa misma distancia. Eso me hace pensar que quizá haya que leer mejor el de La regla del juego, y me ha hecho poner en duda lo que dije más arriba de las reservas en cuanto a la distancia epocal.
      Pero en fin, sí que sigo pensando que si piensas que entre Pardo y Marzoa hay una distancia tal que hace que sea excluyente el interés de uno y de otro, no sé qué podrás pensar de autores del mundo anglosajón. O de cualquier otro autor que no sea Marzoa, o alguien perteneciente a su escuela, o su maestro. Y, en fin, eso me parece muy pobre, siquiera sea porque supone estar escuchando, o leyendo, más o menos lo mismo. Es como si alguien lee sólo a Lacan y a psicoanalistas lacanianos, al final de ver tantas veces repetidas las expresiones lacanianas las acabará repitiendo él mismo, y a lo mejor ni sabe lo que significan! Que conste que el ejemplo es la primera chorrada que se me ha ocurrido y que no quiero decir que eso te pase a ti. Pero sí que digo que eso que dices puede conducir a la situación (límite) del ejemplo. Si sólo leemos a Marzoa, porque sólo él respeta la distancia epocal, pues obviamente todo lo que diga nos va a parecer verdad. Y que conste que la mayoría de cosas que dice Marzoa me parecen verdad. No es ese el asunto.
      Yo me inclinaría en sostener que hay diferentes niveles interpretativos. El de Marzoa me parece un nivel amplísimo de interpretación, que tiene en cuenta no sólo la índole de una época, sino incluso, y con perdón, casí una “historia universal”, en el sentido de que tiene en cuenta a los griegos, pero en relación a la modernidad. Sin embargo, otros niveles de análisis son posibles, e incluso necesarios. Por ejemplo, para apreciar el tino literario de Platón y ver el juego dramático-escénico de sus diálogos, yo me sumergería en La regla del juego. Pero no sólo: los teóricos de la escuela de Tubinga-Milán, los que no paran de hablar de las Doctrinas no escritas esas, puedes no estar de acuerdo con su interpretación general de Platón, yo no lo estoy, y, sin embargo, proporcionan muchas pistas muy útiles para leer los diálogos, porque precisamente se fijan también en elementos que no suelen tenerse en cuenta en las lecturas habituales de Platón. Pero es que incluso estas lecturas, con lo tediosas que suelen ser con sus Doctrinas de las Ideas y demás, pueden contener también pistas útiles que te ayuden a desentrañar un pasaje. Obviamente esto es un nivel muy concreto de interpretación, pero es que la interpretación “general”, la “epocal”, no tiene más sentido que el de dar acceso a la lectura concreta, a mi juicio. De nada sirve hablar de los “griegos” en general, salvo si eso contribuye a desarrollar una interpretación de un texto del corpus griego.
      En definitiva, creo que entiendo lo que quieres decir, pero creo que es más complejo el asunto que el de contraponer de un lado la lactura correcta, y de otro la incorrecta. O dicho de otro modo, no creo que haya una exclusión completa, al menos si operamos en una escala de niveles interpretativos. Además, no me parece que José Luis Pardo entre en el saco de los “opuestos” a la interpretación de Marzoa, como he querido subrayar por medio de la cita que te he puesto.

  8. Gonzalo
    10/07/2012 en 12:26

    Por otra, y si no es mucha molestia, me gustaría que me aclararas un poco más la primera parte de tu respuesta, la que tiene que ver con lo de la incorrección de fondo en ese modo de hablar. Es que no lo he entendido bien. Gracias

    • 12/07/2012 en 21:14

      Sí claro. Lo que quería decir es un poco lo que cuenta Marzoa al hablar, en Ser y diálogo, del fracaso de la tematización del eidos: que es una cosa, en Platón, que no puede enunciarse explícitamente, porque implicaría formar una “posición” con respecto a la inconsistencia general de las cosas, que es lo que luego hará el escepticismo. Pero no, en Platón en cuestión interna, no formulación general, de modo que es siempre a partir de una tematización de un eidos de donde se llega al fracaso. Pero no se dice directamente: “siempre se fracasará cuando se trate de hablar de un eidos”. Pues bien, lo analogo con lo que decías tú: eso de considerarse o no por encima de la distancia como brecha insalvable. Me parece bien, pero eso de la distancia epocal debe ser algo como lo del fracaso del eidos, es decir, algo que se haga, que se fracase en ello, no algo que se enuncie de manera general, y ya con eso estamos listos.
      A eso me refería con lo de:
      “Entiendo la cuestión del rechazo categórico y la del fracaso, pero también entiendo que formularlo de ese modo contiene la incorrección de fondo de sentar una postura, una posición, y no ser así un experimentar el fracaso, por así decir.”
      Guardar el rechazo y el fracaso categórico no sería por tanto decir “hay una distancia entre nosotros y los griegos”, sino experimentar ese abismo mostrando que en efecto tal distancia la hay y es inconmensurable. Mostrar, y no decir, digamos. (Y esto es siempre más fácil decirlo que mostrarlo…)

  9. Gonzalo
    18/07/2012 en 13:33

    Hola de nuevo,

    Estos días he estado leyendo artículos y escuchando algunas conferencias de Jose Luis Pardo con el fin de revisar mi opinión sobre el discurso de este hombre y me parece que tienes razón en ser prudente a la hora de no distanciar tanto a uno con otro. Parece que los dos hablan de algo parecido cuando Pardo nos cuenta que hay dos juegos, el juego 1 que es el de los nativos y que está basado en reglas implícitas y el juego 2 que es el de los ciudadanos y que de alguna manera surge por el interés de estos últimos en hacer explícito las reglas del juego 1 y que estas en cuanto que son explícitas cambian el juego y por lo tanto no se puede volver a jugar el juego 1. Hay entre los dos juegos un reconocimiento de una distancia y por tanto una ruina del primer juego en cuanto que desde fuera se intenta hacer visible o manifiesto algo que estaba actuando pero que estaba oculto. Estoy citando nociones que Pardo explica en su conferencia “¿Por qué filosofía y no más bien nada?” que dio en la fundación March en el 2003 (se puede escuchar el audio en la web de la fundación).

    En cuanto a lo que quería decir con lo de: “que el pensar es un corresponder con aquello que da que pensar y que en ese dar que pensar al mismo tiempo se oculta. Pero si yo automáticamente cojo esto y digo que eso es solo un postulado de alguien y que hay que saber abrirse a lo que dicen otras personas porque si no se corre el riesgo de caer en el dogmatismo, en el fondo lo que he hecho es convertir lo puramente negativo en algo positivo y relativizar todo el dialogo hermenéutico.” Y que sería la crítica fundamental que hago a tu postura pues te lo intento explicar con algo que dice Jose Luis Pardo en su conferencia “Medio siglo de la historia del Ser” también del 2005 en la fundación Juan March:

    “… del ‘es’ ese que separa y que junta no hay en realidad argumento, no puede haber historia. Aquello gracias a lo cual puede haber argumentos, porque es lo que junta el sujeto con el predicado, lo que permite juntar sin confundir por ejemplo lo de antes con lo de después, sin que se confundan ni se disgreguen, y por tanto permite hacer un argumento, pues eso no puede sin duda alguna de ello mismo haber un argumento. “

    Es decir que para el estudio de aquello que es condición de posibilidad de todo discurso válido no se puede partir de postulados o presupuestos que un autor tiene frente a otro, porque un postulado o un presupuesto es ya una proposición, es un poner, y aquí estamos hablando de algo que es condición anterior a todo poner. Aquello que da cuenta de algo no puede ser del mismo orden que ese algo del que da cuenta. Entender esto bien es muy importante creo yo.

    Saludos

  1. 04/03/2011 en 11:35
  2. 13/09/2011 en 13:55

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