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Artículo (html): H. Arendt, “Martin Heidegger, octogenario”

Por seguir un poco la senda de la anterior entrada, la de Arturo Leyte sobre Holzwege, aquí tenéis un artículo de Hannah Arendt sobre Heidegger, escrito a propósito de su 80 cumpleaños.

No es, pues, la Filosofía de Heidegger, sobre la que uno se puede preguntar, con razón, si es que siquiera existe (como se lo ha preguntado Jean Beaufret), sino el pensamiento de Heidegger, lo que ha determinado tan decisivamente la fisonomía de nuestro siglo. Este pensamiento tiene una única cualidad que solo a él le atañe y que, si se quisiera mostrar y captar al nivel del lenguaje, está en el uso transitivo del verbo «pensar». Heidegger no piensa nunca «sobre» algo, sino que piensa algo. En esta actividad totalmente no contemplativa se sumerge en la profundidad, pero no para descubrir o sacar a la luz en esta dimensión -de la que se pudiera decir que, de esta manera y con esta precisión, no estaba antes descubierta en absoluto- ningún fundamento último y asegurador, sino (permaneciendo en la profundidad) para abrir caminos y poner señales de caminos. (Este es el título de una colección de textos de los años 1929-1962.) Este pensamiento puede imponerse tareas y puede tratar de «problemas»; naturalmente, siempre tiene algo específico de lo que precisamente se ocupa o, más exactamente, por lo que es puesto en marcha; pero no puede decirse de él que tiene una finalidad. Es activo de manera incesante, y el mismo abrir caminos sirve más bien para la apertura de una dimensión que para que esta prevenga de antemano o alcance una finalidad. Los caminos pueden ser tranquilos caminos del bosque (según el título de una colección de ensayos de los años 1935-1946), que, precisamente porque no llevan a ningún sitio que está fuera del bosque y «acaban en lo que no es frecuentado», son incomparablemente más idóneos para el que vive en el bosque y se siente en él como en su propia casa, que las esmeradas y cuidadas calles de problemas por las que corren las investigaciones de los filósofos profesionales y de los que, también profesionalmente, se dedican a las Ciencias del Espíritu. La metáfora de los «caminos del bosque» acierta en algo muy esencial, pero no solo, como parece, en el sentido de que alguien ha ido a parar a un camino que no continúa, sino de que alguien, como el leñador, cuya ocupación es el bosque, va por caminos que él mismo abre; de tal manera que este abrir no pertenece menos a su ocupación que el talar los árboles.

Artículo (html): Hannah Arendt, Martin Heidegger, octogenario.
En: Revista de Occidente, Madrid, nº 84, pp. 255-271.

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