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Artículo (pdf): M. Lizano, “Heráclito sobre la muerte: ethélein móron ékhein”

Interpretación a cargo de Miguel Lizano de los fragmentos de Heráclito relativos a la muerte, entendiéndolos desde una unidad de sentido y desvinculándolos de su “inmediata” recepción escatológico-religiosa: la asunción de la muerte como totalización unitaria de la vida.

Y como de acuerdo con el lógos tiene lugar todo (fr. 1), lo que “vemos despiertos” habrá de ser algo así como el “juego” en el que todo tiene lugar. Se trata, pues, de ver ese juego, pero esa tarea es sumamente problemática, pues sólo es posible ver cuando hay figura, y para que haya figura se precisa algún fondo contra el que recortarla, pero ¿contra qué podrá recortarse el juego dentro del cual todo tiene lugar? Parece que sólo contra la absoluta nada. Todo esto parece muy abstracto, pero, si cabe identificar el juego total con la vida como totalidad, tenemos ahí una descripción del fenómeno de la muerte. Mientras vivimos el juego total no está nunca presente, porque la vida no está aún completa, no lo estará hasta que no llegue la muerte. La muerte constituye, así, el límite que confiere al juego total figura, acabamiento, es decir, justamente totalidad. De ahí que ese juego sólo sea visible “desde la muerte” (no podemos ser más precisos por ahora). Eso no explica todavía que “todo lo que vemos despiertos” sea muerte; es preciso tomar en consideración además el que sólo dentro de ese juego y en virtud de él le es adjudicada a cada cosa su determinación y carácter propio, por lo que, al dar acabamiento al juego y así determinarlo, la muerte determina todas y cada una de las cosas: define, da contornos netos a cada cosa, y posibilita así que haya visión nítida: “vigilia” (ver claro el límite entre cuándo sí y cuándo no: saber, respecto de cada cosa, qué hacer). Todo lo que vemos despiertos es muerte porque todo adquiere contornos netos en virtud de la muerte.

Artículo (pdf): Miguel Lizano, Heráclito sobre la muerte: ethélein móron ékhein.
En: EMERITA. Revista de Lingüística y Filología Clásica, LXXII 1 (2004), págs. 79-93

Resumen: Los fragmentos de Heráclito relativos a la muerte son interpretados aquí no como expresiones de las creencias del filósofo acerca de la otra vida, sino como meras descripciones fenomenológicas. Piensa el autor que los fragmentos 27, 25, 20, 21, 29, 24, 63, 98, 62, and 96 (DK) forman un todo coherente cuyo tema principal, o único, es la asunción de la muerte (con lo que su significado se pone en relación con la historia de Creso en Heródoto). Se presta especial atención al vocabulario de los fragmentos, resolviendo algunas dificultades críticas, y se toman en consideración también algunos otros fragmentos.

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  1. JUAN RICO AZORIN
    21/10/2010 en 16:23

    El artículo es extraordinario.
    Es lo mejor que he leído sobre Heráclito junto a Felipe Martínez Marzoa
    y Heidegger.
    Lo siento por Miguel Lizano, porque cuando en este país un hombre es capaz
    de pensar de una manera tan extraordinaria, está siempre en peligro de muerte.

  2. gilberto
    12/04/2011 en 22:04

    “…La dicotómica ontología heredada del presocrático debate entre Heráclito y Parménides rige aún nuestros criterios epistemológicos a la hora de entender al hombre y su mundo. A un lado, el río que “fluye” sin que podamos bañarnos en él dos veces, se hace presente en la posmodernidad líquida de Zygmunt Bauman. Al otro lado, la sólida roca del ser que simplemente “es”, permanece entre nosotros en el positivismo y el monolítico realismo filosófico…

    “…En medio de ambos se encuentra la experiencia histórica (holística e individual) de la simultaneidad del cambio y la permanencia, es decir la plasticidad. Algo fluye y algo queda. Permanencia y cambio se hacen presentes a través del co-condicionamiento entre símbolos y materialidad y a causa de la “dependencia en el rumbo” generada por los sistemas con memoria. Las cartas del juego de la historia social están marcadas pero por el propio hombre. En el juego de la historia social, la racionalidad individual se crea y recrea sobre la base de los juicios arbitrarios que el hombre pronuncia sobre sí, los otros, la trascendencia, el tiempo y el espacio…”

    Juan Recce, Poder Plástico. El hombre simbólico materialista y la política internacional, IPN Editores, Buenos Aires, 2010, p. 23 ss.

  3. 13/04/2011 en 18:01

    Interesante, pero no alcanzo a ver la conexión entre la cita que introduces, gilberto, y el artículo, más allá, claro está, de la mención de Heráclito, que es un débil asidero -por abstracto-. ¿Podrías explicitar la conexión? Gracias.

    Respecto a Juan Rico Azorín, se me escapan los “arcanos” a los que aludes con la referencia a “peligro de muerte”. ¿Quién hace eso? ¿Por qué? Y ¿por qué en este pais, y sólo en éste?

    Un saludo.

    • JUAN RICO AZORIN
      07/09/2011 en 17:23

      Bueno, si uno mira en profundidad la realidad que nos rodea, si se hace un análisis fenómenológico o se pone la realidad entre paréntesis -creo que todas estas expresiones nos pueden valer- vemos cómo se destroza a las personas sanas, inteligentes y bien formadas, mientras se adora a los retrasados mentales, a los idiotas y a cualquier clase de gentuza -gandules, sinvergüenzas, ladrones, etc.-. Se chupa la sangre de los fuertes para transferirla a los desechos de la sociedad, que serán incapaces de llevarla para adelante. El resultado es que la sociedad empeorará, los desechos sociales, aquellos a los que se debería dejar de lado se quejarán más, habrá que transfundirles más sangre y la cosa seguirá peor. Las personas más inteligentes y con más fuerza, tendrán que esconderse porque se verán amenazadas de muerte. Toda la turba de gentuza que está preparada para morir, que no dicen sí a la vida, que son enemigos de la vida, de la tierra y del hombre, esa gente que está dispuesta a vivir a toda costa se les echará encima para chuparles la sangre hasta no dejarles una gota. Toda la gente sana e inteligente de este país está en peligro de muerte. ¡Bienaventurados los idiotas, los pobres de espíritu, los hijos de puta, los chupa sangres, porque yo, Dios, dejaré que destruyáis y reduzcáis a cenizas este país -como casi todo el globo, si no todo-.!
      Y me dirás: ¡Mentira! ¿De donde te has sacado tú todo esto? Pues de mí mismo. De una persona sana e inteligente a la que han chupado la sangre hasta dejarme muerto. Hace ocho años se me produjo una depresión por la que me jubilaron y actualmente me alejo de la gente, me tomos mis pastillas y me quedo en mi casa. Y te lo digo: si hubieran podido habrían acabado matándome.
      No ha habido nadie que haya comprendido España como Goya. Quien quiera saber cómo es España y los españoles, lo puede ver de una manera excepcionalmente retratada en
      sus cuadros. Hay un cuadro de Goya que creo se llama Auto de Fe, Míralo.

  1. 16/10/2010 en 05:30
  2. 04/03/2011 en 11:34

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